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Un hombre raro


Si observas a la derecha de la entrada de catedral de Zaragoza, muy nimio y sucio, veras a ese hombre raro. Camina silencioso, con un casco amarillo, de esos que usan los fornidos constructores. Cuando estaban construyendo los puentes y las jorobas de la calle Felix U. Gomez, el hombre raro, despistadamente y con Dios como nuestro unico testigo, se acerco a quien yo era. Esperaba mi bus mientras me preguntaba por la solución a un antiguo problema Zen, que consistía en una sola pregunta: ¿cuál era tu rostro original antes de nacer? Aturdido por el inconveniente, se me acercó ese sabio demente y me preguntó: "¿De donde eres?". Aproblemado ahora por un nuevo dilema, apresuré a hacerme el desentendido y le ignoré. "¿De dónde eres?" replicó ahora con voz áspera e introdujo su mano en el bolsillo de un sucio guardacostas con el que se abrigaba. Me apena decir que tome su pregunta como un mero desvarío y le respondí cualquier cosa: "En Monterrey, señor". "Si, ¿pero dónde?". "En la colonia Madero...". "Si... ¿pero en dónde?" decía ahora con voz impaciente, mientras el temor de ser asaltado me invadía. "No le entiendo señor... ¿quiere que le diga en qué casa vivo?" "No! No! Quiero que me digas de dónde éres; verás, yo no se de donde soy". Entonces, emulando una respuesta de Jodorowsky, respondí con una furia que aun no comprendo: "¡Si no soy de aquí, no soy de ningun lado!" Me miró con rabia apasionada y me respondió: "¡Yo tambien...!" Y se fue para volver a pocos segundos, y con una nueva dulce voz me preguntó de nuevo. "Enserio hijo mio, ¿de dónde eres?" Respondí falazmente "Yo soy de donde nací..." El hombre me miró con desden, como comprendiendo algo, y me dijo tristemente: "Yo también". Fumaba en ese instante un cigarro, y por alguna razón extendí mi mano hacia él viejo y, complice de mi confusión, él lo tomó. Lo miró, dio una bocanada de humo, lo lanzó al suelo con fuerza y lo pisó. Me subí al bus, fuera de mi. Comprendí que ese viejo loco era una trampa de algo que, aunque la lógica parezca traicionarme, no alcanzo a vislumbrar. Comprendí el Koan.

Alejandrovski Velchaninov

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