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Fue quizas en un sueño cuando me comprendi perdido. Mire las piezas de ajedrez con el deleite de quien mira en la muerte una paradojica esperanza, y me acerque. El fiel caballo blanco combatía con una torre oscura, y al mover mi pieza, el jinete aparecio ante mi como una forma ininteligible. Vi mi cuarto y su dulce y claro desorden como el tablero de ajedrez despues de una larga batalla por buscar ventajas y oportunidades. Heme aquí, que estoy sin estar realmente. Esta presencia se resuelve en mi consciencia como la posibilidad de un futuro aun no determinado ni por lógica ni por suerte. Heme aquí, ante este silencio majestuoso de la totalidad del incomprensible presente, que muere a manos de mi reloj y de mi voluntad. Y sin embargo, ¿porque me siento tan unido a este concilio de sangre y belleza? ¿En dónde termino yo?

Entonces tú me respondiste sin siquiera mover los labios, mujer irreparable y bella: "no termina en vulgar espacio, sino en el instante en que le nombras".


Alejandrovski Velchaninov

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