Ser o no ser: he ahí el dilema. Nunca nadie llegaría a pensar que Shakespeare era existencialista (sobre todo porque el existencialismo es un poco más reciente). Sin embargo la reverberación de este argumento me parece infinita. Es la contradicción, intrínseca al ser humano, la que hace que estas simples palabras aparezcan ante mi como la revelación de aquél que busca, aquél que grita desesperado ante la montaña de la duda y no encuentra otra cosa que su eco, difuminado entre el pardo y el azul. Yo quisiera ser psicólogo, sin embargo me pregunto, haciendo caso a los argumentos de Freud, si lo que realmente quiero es ser mi propio salvador. No puedo dejar de notar la contradicción de una disciplina que, no solo ignora la paradoja de su existencia, sino que además la refuerza. Imaginate a un hombre, desesperado por el diario devenir incomprensible y la razón de su vida. Esto es un problema prácticamente filosófico. Tenemos al hombre que se cuestiona sobre el ser de su existencia. S...